Tras la primera descripción de los espermatozoides por parte de Antonie van Leeuwenhoek en el 1679 nuestro conocimiento sobre este tipo celular ha crecido considerablemente. Tanto en lo que se refiere a su formación testicular, su maduración epididimaria y a su función como portador de la carga genética masculina hasta el ovocito. Ahora bien, esta última afirmación tiene sentido si hablamos del espermatozoide como célula, como modelo celular. Pero si nuestro objetivo es valorar la población seminal la cosa cambia drásticamente y llegamos a la conclusión de que bien poco conocemos de ese conjunto de millones de células que se evacuan en cada eyaculación.
Hagamos un poco de repaso al análisis de la calidad seminal y su historia reciente antes de adentrarnos en el nuevo enfoque ecológico sobre el que trata este artículo. No fue hasta 1928 que se comenzó a vislumbrar una relación entre el recuento espermático y la fertilidad potencial. Así todo, hasta los primeros trabajos de MacLeod (1942) no se sentaron las bases científicas para la definición de una analítica seminal estandarizada. Y no deja de ser curioso que las técnicas entonces propuestas sigan siendo la base de las que se usan actualmente. Hasta tal punto se vio la necesidad de establecer unos criterios unitarios frente a un problema técnicamente complejo como el que nos ocupa que la Organización Mundial de la Salud (OMS) editó en 1980 su primer manual específico, titulado “WHO manual on semen analysis”. En el se consagraron como parámetros estrella la concentración, la movilidad y la morfología. De estos tres parámetros es la concentración el más fácil de definir, que no siempre de medir, pues se trata de contar células en un campo microscópico previamente calibrado. Pero que pasa con la movilidad. La OMS consideró inicialmente un semen fértil como aquel que tiene más de un 25% de células con movilidad rápida progresiva o más de un 50% de movilidad lenta progresiva o rápida no progresiva. Y quien puede decir qué es rápido! Solo aquello que no es lento. Y de la morfología mejor no hablar, pues aún son tierras más pantanosas que las de la movilidad. Así pues, los criterios que se siguen usando utilizan sistemas de medida relativos de difícil generalización y de escaso valor clínico. Todo esto ha llevado a que, junto con la irrupción del ICSI como método de reproducción asistida en que un solo espermatozoide es suficiente, la andrología cayera en un estado de letargo durante demasiado tiempo. La introducción de sistemas computarizados (llamados CASA, del inglés Computer Assisted Semen Analysis), permitió a partir de la década de los 90 del siglo pasado ofrecer un estándar de mayor fiabilidad para el cálculo de los parámetros clásicos. Pero se siguieron utilizando, sólo para tratar de substituir con ventaja la capacidad de observación del técnico analista. Por lo que tampoco sirvieron a su real función. Solo en tiempos recientes, se ha comenzado de verdad a utilizar la información de estos sistemas CASA para la obtención de parámetros cuantitativos y su análisis poblacional. Esto unido a la incorporación de nuevas pruebas analíticas, como las referidas a la valoración del nivel de fragmentación del DNA, de la estabilidad de membrana, de la reacción acrosómica o del estado funcional del conjunto de mitocondrias de la pieza intermedia, ha llevado al establecimiento de la existencia de subpoblaciones celulares dentro del conjunto de espermatozoides que componen un eyaculado. Antes de proseguir, solo dos consideraciones. La primera es que el recorrido que han de hacer los espermatozoides para llegar al óvulo está cercano a los 40-50 km a escala humana. El segundo es que dicha población de células no es, precisamente, bien recibida en el tracto genital femenino. Más bien todo lo contrario, tiene el trato de intruso peligroso.
Prosigamos. Durante mucho tiempo se considero al semen como un conjunto único de células iguales. Por ello, el tipo de valoración que se daba era uniforme, hacían falta tantos espermatozoides considerados “buenos” y ya está. Pero cada vez más está clara que esa no es la realidad. Ahora comenzamos a ver el eyaculado como un conjunto de poblaciones diversas, todas ellas igualmente necesarias y conducentes al objetivo final, conseguir que un espermatozoide, solo uno de entre unos pocos millares (del total de millones iniciales) que llegan a las inmediaciones del ovocito, sea capaz de fecundarlo. Cualquiera que sepa algo de la tristemente conocida táctica militar, entenderá que un ejército formado solo de iguales tiene poco futuro, siendo necesarios diferentes tipos de cuerpos para conseguir una victoria. Pero prefiero que se me permita un ejemplo más agradable, aunque no siempre y solo por su aspecto festivo. No se si conocen ustedes la fiesta de los Sanfermines en Pamplona. En caso contrario, les convido a consultar algo al respecto en internet. No es la fiesta que más me apasiona, por diversas razones que no vienen al caso, pero si es un perfecto ejemplo de lo que nos ocupa. El objetivo de dicha fiesta es trasladar a unos toros bravos desde el punto donde los deja el transporte hasta la plaza de toros, donde serán toreados. En la actualidad dicho traslado implica la presencia de, al menos cuatro tipos de animales (permítaseme de nuevo la licencia). A saber, los consabidos toros bravos, objeto último de todo el rito; los toros mansos, que corren por las calles, llevando en volandas a los anteriores; pero estos no avanzarían adecuadamente si los muchachos entrenados para ello no los condujeran corriendo delante de ellos y, el cuarto y más peligroso, el de los turistas, muchos de ellos borrachos que dan color y trascendencia internacional a la fiesta. De esta forma, se puede considerar que en el rito del traslado son, precisamente, los toros bravos, los reyes del festejo, como a los agentes pasivos del mismo, pues son arrastrados por el conjunto de los otros tres tipos de animales. Así es como ahora comenzamos a considerar la población de espermatozoides. En un medio claramente hostil, como antes mencionábamos, teniendo que recorrer una distancia que arrasaría al más fuerte, no es descabellado pensar que sea un espermatozoide de los que ahora consideramos “malos” el que sea “arrastrado” por otros que le llevan y defienden y que solo en las inmediaciones del ovocito se “despierte” convirtiéndose en el paladín de todo ese ejército pro el sacrificado. Esto último ha sido para darle un toque épico a la conclusión a la que deseaba llegar, permitiéndome una última licencia en un tema que, si lo analizamos en todas sus consecuencias tiene un grandísimo calado científico. Como conclusión, después de este apunte solo cabe señalar que es apremiante el desarrollo de un nuevo enfoque sobre el concepto de calidad seminal, que incorpore cuantas más técnicas cuantitativas y modernas mejor y bajo una perspectiva poblacional-ecológica. Solo así podremos poner al hombre al mismo nivel que a la mujer en cuanto a atención médica se refiere, confiriendo a la andrología el mismo papel que tiene, por derecho propio la ginecología. Carles Soler Vásquez Doctor en Ciencias Biologicas Profesor del Dpto de Biologia Funcional y Antropologia Fisica Facultad de Ciencias Biologicas; Universidad de Valencia. |